A las nueve de la mañana, llegamos a San Francisco Tlalnepantla, en las alturas de la delegación Xochimilco, “una cumbre antes del Tepozteco”, como explica Dionisio Eslava, presidente de Umbral Axochiatl A.C.

Al pie de la capilla de San Francisco, esperamos al señor Pablo Rojas. Él y su señora, Tomasa Fuentes, tienen tierras que destinan al cultivo del maíz y otros productos.

Al ingresar a su hogar, uno puede observar a un grupo de gallinas picoteando la sombra de un almendro. Más allá, gallinas, pollos y polluelos, deambulan entre los higos que esperan, con sus brazos desnudos, el inicio de un nuevo ciclo de la tierra.

La familia Rojas permite que sus aves vivan en total libertad. La señora Tomasa nos explica que posee dos gallos (el rojo y el blanco). Cuando uno está paseando con las gallinas, el otro tiene que estar encerrado en una jaula y para que no se sienta solo, lo acompaña una gallina. Nos cuenta que de otro modo, el ave pierde peso y energía, y que eso no es bueno.

¿Qué comen estas aves de corral?

Si bien la señora Tomasa se concentra para explicarnos cómo los alimenta con maíz y otras semillas, su rostro se ilumina en una sonrisa para decirnos que cuando maduran los frutos de sus árboles, sus aves corren al pie de los mismos para deleitarse con los higos, ciruelas, peras y duraznos. “Les gustan mucho”, enfatiza.

Cuando llega la temporada de sus árboles frutales, la familia Rojas tiene mucho trabajo. Por ejemplo, sus higueras dan hasta 5,000 piezas de higo. Por eso preparan desde frutos acaramelados y mermeladas (deliciosas) hasta compotas y conservas. Todo natural.

Esta familia nos estará avisando qué nos dice la tierra de la montaña y qué nos puede ofrecer de sus aves de corral, libres de hormonas y libres de maltrato.

Aquí, en productos de la chinampa, estamos trabajando para llevarles hasta la puerta de sus casas, los productos de la montaña.