A sus ochenta años, don Leonardo Rosas Ramírez, sube todas las madrugadas a las alturas de Santa Cruz Acalpixca para trabajar la tierra. Siembra maíz, calabazas, frijol… Él es uno de los pequeños agricultores que nos proveen del maíz con el cual preparamos la masa nixtamal que ofrece el restaurante Contramar (Roma) y la mezcalería Oh Mayahuel (Coyoacán).

Al escuchar al espíritu que anima Productos de la chinampa, sus ojos se anegaron de lágrimas. Aún retumbaba en nuestros oídos aquellas palabras que sentencian al campo mexicano de “poco competitivo”.

Don Leonardo cuida su maíz y trabaja la tierra de manera tradicional. Su coa muestra las huellas del uso constante.

Don Leonardo valora el conocimiento que ha heredado y ahora está feliz. Sabe que su maíz tendrá salida porque hay consumidores que buscan calidad desde el origen. El maíz nativo tiene características que lo hacen superior a cualquier otro. Por eso cuidan sus semillas.

Al reconocer el valor gastronómico y cutural de nuestros productos de origen, estamos fortaleciendo al campo. Nuestros pequeños productores son altamente competitivos, aunque no masivos: producen selecta calidad. Esto es el producto del amor con el cual personas como don Leonardo nos explica que al utilizar su maíz: “la tierra se pone contenta”.